elsoberanodigital.blogspot.com
USA.-Casi todo lo que nos enseñan sobre el dinero se enfoca
en gastarlo y ahorrarlo. Padres, profesores e incluso los libros de finanzas
personales hablan de ahorrar dinero para conservarlo, aumentarlo y controlarlo.
Ahorrar dinero implica buscar maneras de generar más para crear un colchón
más grande. Se nos enseña que esa es la gran meta.
En contraste, gastar dinero se describe como
presupuestar o hacer recortes. Incluso nos dicen que deberíamos crear
hábitos para que gastar sea algo doloroso, como destrozar tarjetas de crédito y
llevar solo efectivo. No deberíamos sentirnos bien al gastar dinero.
Desde que tengo memoria, así es como he definido esos
dos conceptos: ahorrar es bueno y gastar es malo.
Pero en determinado
momento hice un cambio sutil en mi forma de pensar. ¿Y si empezamos a
tratar el dinero como una herramienta? Las herramientas deben usarse. No están
hechas para guardarse en un estante y llenarse de polvo. En vez de pensar en
términos de ahorrar y gastar dinero, comencé a pensar en usarlo.
Digamos que hemos decidido,
por ejemplo, que es hora de viajar en familia. Ahorramos dinero y el viaje
encaja perfectamente con nuestros planes. Cuando llegue la hora de utilizar ese
dinero, no hay necesidad de sentirse culpable. En vez de eso, estamos usando
una herramienta que nos ayuda a obtener algo que valoramos: tiempo con nuestra
familia.
Este cambio de mentalidad es sutil, pero sí transforma nuestros sentimientos
acerca de ahorrar y gastar. Ya no necesitamos pensar en términos como bueno y
malo, positivo o negativo. Nos enfocamos en el resultado de nuestras acciones.
El dinero está hecho para
utilizarse, para estar en movimiento. Circula de nosotros a otras personas y
después de vuelta a nosotros. Incluso cuando ahorramos dinero, simplemente
estamos almacenándolo para utilizarlo después. Si usamos dinero hoy, no estamos
gastándolo ni desperdiciándolo. Estamos utilizando la mejor herramienta
disponible para obtener resultados.
Mi experiencia sugiere que este pequeño cambio
transforma nuestra forma de sentir y hablar de los gastos. Desde luego, el
cambio no nos da permiso de tirar por la borda el presupuesto ni de ignorar
nuestros planes. Sin embargo, delimita claramente las emociones negativas que
nos han enseñado a sentir en torno a gastar dinero.
No nos sentimos mal
cuando utilizamos un martillo para clavar un clavo. No debemos sentirnos mal
cuando utilizamos dinero para cumplir nuestros planes y metas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario