Mineros en Jincheng, la zona carbonera
china. Este país quiere extraer y quemar más carbón debido a los
recortes y la preocupación sobre los recursos eléctricos.
Credit
Gilles Sabrie para The New York Times
elsoberanodigital.blogspot.com
JINCHENG, China — La postura un poco incierta de
Estados Unidos frente al calentamiento global durante la administración
entrante de Donald Trump ha dado a China un papel de liderazgo en la lucha
para detener el cambio climático. China ha invitado a Estados Unidos a
reconocer los datos científicos serios y a trabajar con el resto de los países
para reducir la dependencia de los combustibles contaminantes como el carbón y
el petróleo.
Sin embargo, hay un problema: incluso mientras hace
estas afirmaciones, China está peleando por extraer y quemar más carbón.
La falta de reservas y las preocupaciones por los
apagones eléctricos están llevando a las autoridades chinas a revertir los
frenos que alguna vez implementaron para reducir la producción de carbón. Las
minas se están reabriendo. Los mineros son atraídos con cheques cada vez más
jugosos.
La respuesta de China ante la falta de carbón muestra
cuán difícil será erradicar la dependencia a este producto. Además
esto dificulta, para China y para el mundo, el cumplimiento de los
objetivos en cuestión de emisiones, ya que el carbón chino es la fuente más
grande de emisiones de carbono producidas por actividades humanas.
Entre los observadores de China, este inesperado giro también ha generado
preguntas acerca del destino del actual grupo de estrategas económicos de
China.
Aquí en Jincheng, una ciudad llena de esmog en la zona
carbonera de China, este cambio radical ha provocado un constante ir y venir de
actividades. Una de estas tardes, algunos trenes se detuvieron para dar paso a
dos locomotoras eléctricas; sus hornos resoplaban mientras tiraban más de 50
vagones de tolva de carbón vacíos, listos para llenarse. Actualmente, los
grandes camiones que cargan carbón hacen una fila de casi un kilómetro.
Allan Zhang, un eléctrico que trabaja en una de las
minas aquí, explicó que su jefe le había aumentado la paga mensual casi 50 por
ciento desde el verano.
Hace dos años llegó “el otoño del carbón; y 2015, así
como los principios de este año fueron el invierno del carbón. Ahora es la
primavera del carbón”, aseveró Zhang.
El carbón aún genera casi tres cuartas partes de la
electricidad en China, a pesar de los ambiciosos proyectos de represas
hidroeléctricas y del programa más grande del mundo para instalar páneles
solares y construir turbinas de viento. El uso del carbón en China también
genera más emisiones que todo el petróleo, el carbón y el gas que se consume en
Estados Unidos.
Preocupada por la contaminación y porque el nivel del
mar sube cada vez más, China promovió en los últimos meses el control del uso
del carbón. La producción de este cayó tres por ciento el año pasado en parte
gracias a este esfuerzo, pero también como un indicio de la reducción en el
crecimiento económico, así como del cambio gradual en la economía china, que se
acerca a un consumo estilo estadounidense y se aleja de las exportaciones de la
manufactura pesada.
Esto animó a la Agencia Internacional
de la Energía
a dar una revaloración optimista: el uso de carbón chino alcanzó su pico máximo
en 2013 y ahora irá en descenso.
El revés de China ahora provoca escepticismo. “Aún
faltan picos por conquistar”, declaró Xizhou Zhou, director de análisis de gas
y energía de Asia y el Pacífico en IHS Energy, un grupo consultor
internacional. “Todavía va a crecer”.
IHS Energy pronostica que la demanda china de carbón
no alcanzará sus números más altos sino hasta 2026.
En el ámbito de la política, China sostiene que sigue
comprometida con los esfuerzos internacionales para detener el cambio
climático. Cuando las autoridades medio ambientales de todo el mundo se
reunieron este mes en Marrakech, Marruecos, a hablar sobre el tema, Xie
Zhenhua, el representante de la delegación de China, lanzó una indirecta
a Trump al asegurar: “Un líder sabio seguirá esta tendencia mundial e
histórica”.
Pero en las últimas semanas, China cambió su curso. Detuvo
la mayor parte del comercio de carbono en los mercados de materias primas y
animó a las minas estatales a firmar contratos a largo plazo a
precios bajos con centrales eléctricas. Este mes, la Comisión Nacional
de Desarrollo y Reforma aumentó a 330 el número de días que las minas pueden
operar al año.
Los residentes en los pueblos
mineros están encantados. Una avenida aquí en Jincheng está tapizada de
carteles, todos con el mismo mensaje optimista: “Los precios del carbón van al
alza y los mineros sonríen”.

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