Una protesta cerca del Palacio de Miraflores, Caracas, en junio de 2016. Los venezolanos tomaron las calles en múltiples oportunidades del año pasado para reclamar por el desabastecimiento de alimentos y la inflación provocadas por la crisis económica del país. Ariana Cubillos/Associated Press. Fuente TheNewyortimes ES
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CIUDAD DE MÉXICO – Las dificultades económicas de los países
de América Latina, que se traducen en un bajo crecimiento generalizado, entre
otras tendencias, continuarán en este 2017. Tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial esta semana han proyectado a la baja las
expectativas de crecimiento en las economías de la región.
El FMI calcula que América Latina y el Caribe podrían crecer
un 1,2 por ciento durante 2017, lo que es un 0,4 punto porcentual menos que lo
previsto en octubre pasado, y se proyecta un crecimiento de un 2,1 por ciento
en 2018. Estas estimaciones se produjeron durante la revisión de su informe Perspectivas
de Crecimiento Mundial, presentado el lunes.
“En América Latina, la revisión a la baja del crecimiento
refleja en gran medida una menor expectativa de recuperación a corto plazo en
Argentina y Brasil tras cifras de crecimiento que defraudaron las expectativas
en torno al segundo semestre de 2016, condiciones financieras más restrictivas
y vientos en contra más fuertes para México debido a la incertidumbre
relacionada con Estados Unidos, así como el deterioro ininterrumpido de la
situación en Venezuela”, reza el documento.
En el caso de Brasil, la economía más grande de la región, la
institución disminuyó en tres décimas sus previsiones de crecimiento para este
año; se estima que su producto interno bruto (PIB) solo se expandirá un 0,2 por
ciento. Sobre Argentina, el FMI asevera que existe una “menor expectativa de
recuperación a corto plazo”, pero no se actualizaron sus proyecciones.
México, la otra gran economía de la región, sufrió un gran
recorte de 0,6 puntos tanto en el porcentaje de crecimiento económico de 2017,
que quedó ubicado en 1,7 por ciento, como para el próximo año cuando se espera
que se ubique en un 2 por ciento.
Juan Carlos Moreno-Brid, académico de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), explica que la actitud agresiva del presidente
electo Donald Trump altera todos los canales de entrada de divisas de México.
“Afecta las exportaciones, remesas, inversión extranjera directa y la
volatilidad de los flujos de capital. Todo eso incide adversamente en el clima
de negocios de toda la inversión en el país”.
Moreno-Brid también señala que aunque a corto plazo las
políticas que pueda implementar el nuevo gobierno estadounidense puedan
impulsar el crecimiento económico de ese país, México no podrá beneficiarse de
ello si no cambia su modelo de desarrollo.
“En México se necesita un acuerdo político para trazar una
estrategia a corto plazo y responderle a Trump, así como para enfrentar la
normalización de la política monetaria de Estados Unidos con el alza de las
tasas de interés”, asevera Moreno-Brid. “La estrategia a mediano y largo plazo
debe ser cambiar la economía mexicana, basada en las exportaciones, a un
sistema que favorezca el mercado interno y una política de distribución del
ingreso y desarrollo productivo que produzca un mayor crecimiento”.
Por otro lado, el Banco Mundial también reveló el 12 de enero
sus previsiones de 2017, en un documento titulado Perspectivas económicas
mundiales para América Latina y el Caribe. El informe señala que Centroamérica
crecerá a una tasa del 2,1 por ciento este año, mientras que América del Sur
solo crecerá crecerá un 1,2 por ciento.
Según las estimaciones del BM, en América Latina y el Caribe
se registró una contracción del 1,4 por ciento en 2016, segundo año consecutivo
de recesión, y se trata de “la primera vez en más de 30 años que se registra
una contracción plurianual”.
Panamá será el país de la región que más crecerá este año con
un 5,4 por ciento, según el banco, seguido de Nicaragua (4 por ciento), Costa
Rica (3,9), Honduras (3,5) y Guatemala (3,2).
Carlos Araúz García, economista y hombre de negocios
panameño, comenta que esa tasa de crecimiento es fruto de una visión de país
que apunta a un modelo económico con poca producción pero centrada en los
servicios.
“El año pasado la inversión extranjera en Panamá fue de casi
5500 millones de dólares, lo que supera por mucho al resto de la región”,
asevera Araúz. “Hay seguridad jurídica y zonas francas económicas que ofrecen
muchas ventajas porque no dependen del cambio político ni de la producción de
materias primas. Pero también tenemos deficiencias amplias en educación, una
cultura de subsidios y el surgimiento de una corrupción que debemos erradicar”.
Los escándalos de los Panama Papers y la reciente vinculación de la línea 2 del
metro de Panamá con los sobornos de Odebrecht han afectado la percepción que tienen los
panameños sobre la gestión pública, dice Araúz: “La cámara de comercio y la de
construcción indican que muchas empresas han dejado la economía formal por lo
que ha venido aumentando el mercado callejero de buhoneros que no aportan a la
seguridad social ni pagan impuestos. Si le preguntas a un panameño te va a
decir que hay problemas en temas como la seguridad y eso les preocupa mucho”.
Esa separación entre las buenas proyecciones macroeconómicas
y la vida cotidiana de los ciudadanos también es patente en países como
Honduras, cuya economía, según el BM, debería crecer un 3,5 por ciento en 2017,
un porcentaje menor que el de 2016, estimado en 3,7 por ciento.
Hugo Noé Pino, economista del Instituto Centroamericano de
Estudios Fiscales (ICEFI) de Guatemala, explica que esas proyecciones deben
contrastarse con el crecimiento de la población hondureña, que se ubica en un 2
por ciento.
“Eso quiere decir que en términos per cápita, el crecimiento
solo es de 1,5 por ciento, lo cual es insuficiente para reducir el desempleo y
la pobreza. Los frutos del crecimiento económico se concentran en pocas manos,
eso hace que la situación sea muy difícil para la mayoría de la población.
Honduras debería crecer más del 6 por ciento para lograr avances importantes”,
advierte Pino.
La contracción venezolana
Como ya es una tendencia desde hace varios años, Venezuela
ocupa el último lugar entre las economías de la región. El Banco Mundial prevé
una contracción de 4,3 por ciento este año y un tímido crecimiento de 0,5 en
2018. Las tensiones políticas del país, así como los problemas generados por
los controles de cambio y precio que han generado un desabastecimiento
generalizado y tasas de inflación que, según el FMI, superarán el mil por
ciento, son algunas de las características de la crisis del país petrolero.
“Han abusado de los controles, tanto de cambio como los de
precios”, explica Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, una empresa
venezolana dedicada al análisis del entorno macroeconómico. “Además tienen un
grave problema en el frente fiscal: no se respetan los derechos de propiedad,
no estimulan la inversión local ni extranjera, y lo único que impulsaba la
economía eran los altos precios del petróleo. Cuando ese panorama cambió y
bajaron los precios, el país entró en esta espiral de recesión”.
Oliveros afirma que ya son tres años consecutivos en los que
la economía venezolana está cayendo en todos los indicadores. El grupo de
investigadores de Ecoanalítica ha calculado que van doce trimestres de
contracción económica, sin incluir el 2017. “Es una contracción acumulada de
casi un 25 por ciento del PIB, es la recesión mas profunda y larga que se ha
vivido en Venezuela”, concluyó el experto.

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