CHICAGO — El
presidente estadounidense Barack Obama pronunció un nostálgico y esperanzador
discurso de despedida el martes por la noche, pero también le advirtió de,
tanto a la dividida nación que lideró durante ocho años como a su sucesor, no
rehuir los desafíos de la desigualdad económica, las luchas raciales y la
apatía de los votantes que todavía amenazan su ideal de democracia.
Obama volvió a
Chicago, la ciudad que potenció su carrera política y su viaje a la Casa Blanca, cuando
solo faltan diez días para que Donald Trump tome posesión. En su último
discurso ante la nación, Obama expresó su creencia de que incluso las más
profundas divisiones ideológicas pueden ser superadas por una población activa
y comprometida.
“Después de ocho
años como su presidente, sigo creyendo eso”, le dijo Obama a una gran multitud
reunida en McCormick Place, el vasto centro de convenciones que en 2012 fue el
escenario donde le agradeció a sus simpatizantes al ser reelegido. “Y no solo
es mi creencia. Es el corazón palpitante de nuestra idea estadounidense:
nuestro audaz experimento de autogobierno”.
Al terminar el último discurso de su notable carrera política, Obama le
agradeció a su esposa, a sus hijas, a su vicepresidente y al ejército de
partidarios que los ayudaron a convertirse en el primer afroamericano en la Casa Blanca.
“No voy a parar; de
hecho, estaré allí con ustedes como un ciudadano más, por el resto de los días
que me quedan”, prometió Obama mientras la audiencia se levantaba. Les pidió
que creyeran, como lo hicieron durante su primera campaña. “Sí podemos. Sí, lo
hicimos. Sí podemos”.
Obama instó al país
a enfrentar los persistentes problemas que socavan la igualdad, la diversidad y
la unidad que intentó alcanzar durante su mandato. Dijo que la desigualdad
económica seguiría causando “desafección y división” y advirtió que los
problemas raciales seguirían siendo una potente fuerza que dividirá a la
nación, a menos que la discriminación sea atacada y eliminada.
“Pero las leyes por
sí solas no serán suficientes. Los corazones deben cambiar”, le dijo a la
multitud. “Cuando los grupos minoritarios expresan su descontento, no se
dedican al racismo inverso o practican la corrección política; cuando protestan
pacíficamente, no exigen un trato especial, sino la igualdad que le prometieron
nuestros fundadores”.
El mandatario dijo
que los medios de comunicación amenazaban la democracia al permitir que la
gente se retirara a sus propias burbujas de conocimiento, por lo que todo el
mundo tenia una versión distinta de los hechos. “Nos volvemos tan seguros en
nuestras burbujas que solo aceptamos la información, verdadera o no, que se
ajuste a nuestras opiniones, en lugar de basar nuestras opiniones en la
evidencia que existe”, dijo.
También dijo que el
orden democrático de Estados Unidos está amenazado por una sensación de apatía
entre los estadounidenses que no votan o participan en la vida cívica. Instó a
los miembros de ambos partidos políticos a trabajar para restablecer la
confianza en las instituciones de la sociedad de manera que atraigan a más
personas que se involucren en el destino del país.
“Si algo necesita arreglarse,
pónganse los zapatos y organícense”, le dijo a la multitud. “Si estás
decepcionado por los funcionarios electos, agarra unas planillas, busca firmas
y postúlate para el cargo. Aparece. Involúcrate. Persevera. A veces, ganarás;
otras veces perderás”.
Y agregó: “Pero muy
a menudo, su fe en Estados Unidos —y en los estadounidenses— se verá
confirmada”.
“Ustedes son los
mejores partidarios y organizadores que cualquier persona podría esperar y
siempre estaré agradecido. Porque sí, ustedes cambiaron el mundo”, dijo Obama.
“Esta noche dejo el escenario y soy mucho más optimista sobre este país de lo
que lo era cuando empezamos”.
Pero esa expresión
de esperanza fue contrastada por la realidad que se desarrolla en la capital de
la nación: Trump ha prometido atacar el legado de Obama, borrando el enfoque
disciplinado y profesoral del actual presidente al gobernar, sustituyéndolo con
un estilo ruidoso y caótico de liderazgo.
Obama dijo que se
había comprometido para garantizar que Trump tuviese “la transición más suave
posible”, lo que generó algunos abucheos entre la multitud. En un momento, los
asistentes empezaron a cantar: “Cuatro años más”. Sin embargo, Obama los
apaciguó rápidamente. “No puedo hacer eso”, dijo.
En otras partes del
discurso, Obama parecía estar hablándole a Trump, advirtiéndole sobre los
peligros de continuar alimentando las divisiones que ayudaron a los
republicanos a derrotar a Hillary Clinton durante la campaña presidencial.
“Es por eso que
rechazo la discriminación contra los musulmanes estadounidenses”, dijo Obama
mientras la multitud lo aplaudía. “Es por eso que no podemos retirarnos de las
luchas globales para expandir la democracia, los derechos humanos, los derechos
de las mujeres y de las comunidad LGBT. Independientemente de lo imperfectos
que sean nuestros esfuerzos, no importa cuán oportuno parezca ignorar esos
valores”.
Para un sucesor que
a menudo ha cuestionado la realidad del cambio climático, Obama pareció decir:
tenga cuidado.
“Podemos y debemos discutir sobre el mejor enfoque de ese problema”, dijo. “Pero
negarlo no solo traiciona a las generaciones futuras; traiciona el espíritu
esencial de la innovación y la solución práctica de problemas que guiaron a
nuestros fundadores”.
Para muchos
residentes de Chicago, que abrazan a Obama como uno de los suyos, el discurso
del presidente fue el final de una carrera política que habló tanto de su
propia evolución, como de una comunidad y una nación que ha cambiado durante sus
ocho años de gobierno.
La Casa Blanca planeó
meticulosamente el evento, desde el lugar hasta el tono y la cadencia del
discurso. Obama aún estaba reescribiendo el discurso el martes por la tarde,
dijo uno de sus asistentes, después de haber estado despierto el lunes por la
noche escribiendo más cambios.
Decenas de exbecarios de la Casa Blanca y colaboradores políticos de Obama se
reunieron en Chicago para presenciar el último gran discurso de su líder, luego
asistieron a fiestas y recepciones por toda la ciudad. “Cervezas y lágrimas”,
fue como lo describió Ben LaBolt, exsecretario de prensa de la campaña de
reelección de Obama.

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