Estados Unidos festejó la victoria que les permite acceder a su primera final en los Clásicos. Foto: WBC
Manolo Guevara Díaz.
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En una noche lluviosa los errores impidieron a Japón avanzar a su tercera final en los Clásicos. Estados Unidos aprovechó las marfiladas para anotar dos carreras inmerecidas y colocarse por primera vez a las puertas del título.
En el Dodger Stadium de Los Ángeles, sin un lleno
absoluto (33 462 fanáticos) en una noche lluviosa, los anfitriones fueron
anulados por el pitcheo asiático, pero sendos errores del camarero Ryosuke
Kikuchi y el antesalista Nobuhiro Matsuda le abrieron las puertas del home con
par de anotaciones que decidieron el pleito.
El mentor japonés Hiroki Kokubo había mencionado antes
del partido que el pitcheo abridor sería la clave, y en honor a la verdad su
pupilo Tomoyuki Sugano respondió a la altura de las expectativas.
«Es el mejor entre los pitchers. Confiamos en él. Sus
lanzamientos provocan muchos bateos de rola, tiene buen control, lanza a las
esquinas. En un partido de eliminación tienes que ser agresivo desde el primer
tiro», había dicho Kokubo sobre su abridor, quien no lo defraudó con seis
estrucados, sin boletos y solo tres jits en su cuenta durante seis entradas.
Pero en el cuarto capítulo, tras ponchar al peligroso
Adam Jones, el diestro de los Gigantes de Yomiuri forzó a Christian Yelich a
roletear por segunda, conexión que pifió el intermedista Kikuchi, excepcional a
la defensa hasta ese lance.
Afortunadamente para Kikuchi, el béisbol da revancha,
en ocasiones más rápido de lo que imaginamos. En el sexto episodio el camarero
despachó jonrón solitario contra los envíos del apagafuegos Nate Jones para
igualar las acciones.
Hasta ese momento el pitcheo estadounidense había
trabajado con comodidad. El abridor Tanner Roark mostró las condiciones que los
Nacionales de Washington esperan que explote en las Grandes Ligas y retiró
cuatro innings limpios (dos jits y un ponche). Jones también fue efectivo en el
quinto, pero ya cuando sobrepasó su carga habitual soportó el vuelacercas de
Kikuchi.
Comenzaron entonces a rondar los fantasmas de las
remontadas que han caracterizado buena parte de los juegos en este Clásico
Mundial, sobre todo porque desde la lomita los japoneses parecían
impenetrables. Tras la salida de Sugano, el también derecho Kodai Senga dejó a
cinco con la carabina al hombro y solo aceptó dos inatrapables, pero otra
marfilada lo mandó al abismo.
En el principio del octavo, con un out Brandon
Crawford le pegó jit, seguido por largo doble de Ian Kinsler. Vino al bate Adam
Jones y conectó un roletazo lento por tercera que Nobuhiro Matsuda pifió, lo
cual le permitió al torpedero norteño anotar sin dificultades. En esa jugada
pudo producirse el out en la goma, porque Crawford salió al suicidio buscando
la carrera de la ventaja.
Ya con diferencia mínima, el relevo de Estados Unidos
completó el trabajo, con faena hermética de Sam Dyson, Pat Neshek y Luke
Gregerson, el segundo como salvavidas de Mark Melancon, quien embasó a dos
nipones en el octavo.
Gregerson, por su parte, retiró el noveno a ritmo de
conga, con ponche conclusivo a Matsuda, quien no pudo enmendar en el cajón
ofensivo su crucial error al campo. Así se quebró el invicto de Japón en este
Clásico Mundial, resultado que les impide alcanzar su tercera final en las
máximas lides beisboleras.
Ahora la tropa de Jim Leyland afrontará su primera
final en los Clásicos, partido en el que dependerán, presumiblemente, del
derecho Marcus Stroman, uno de los principales abridores de los Azulejos de
Toronto.
El pequeño y veloz tirador ha realizado par de
aperturas en el actual certamen, primero muy efectivo frente República
Dominicana (4.2 innings sin carreras-cuatro ponches) y luego errático
justamente contra Puerto Rico (4.2-ocho jits-cuatro carreras).
Por los boricuas ya fue confirmado el derecho Seth
Lugo, quien ya suma dos aperturas victoriosas (vs. Venezuela y Estados Unidos)
con efectividad de 2.45, cinco ponches y un solitario boleto en 11 capítulos.


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